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La sociedad resignada


«Los líderes líquidos se volvieron diestros en evitar problemas, en acomodarse a las situaciones, en ser camaleones, en surfear sobre las olas y las tendencias».

  

El debate sobre el desarrollo y bienestar compromete a múltiples actores entre los que se cuentan académicos e intelectuales, ciudadanos y sociedad, gobiernos y políticos. Los primeros aportan un valioso stock de conocimiento. Los segundos transitan en medio de incertidumbres que los llevan a poner su foco en el presente. Y los últimos consultan a los primero y actúan sobre las circunstancias que afectan a los segundos.

Pero como las cosas no funcionan como debieran y el entendimiento entre intelectuales y ciudadanos es precario y discontinuo, al tiempo que los gobiernos subvaloran el conocimiento y desestiman parte de las necesidades de la sociedad, quedan al descubierto enormes dificultades para el diálogo y entendimiento originando perturbaciones y tensiones y no pocos desencantos. 

 

De la decepción a la resignación

Peter Sloterdijk (1947), filósofo alemán, uno de los más brillantes pensadores contemporáneos junto al también germano Jüger Habermas (1929), en una entrevista concedida a Berna González Harbour el pasado 29 de enero en El País - Madrid (Vienen tiempos duros para quienes para quienes viven la vida moderna.), respecto a la ira que se evidencia en los ciudadanos de hoy, afirmó: «La ira surge allí donde se impone la decepción. Y la decepción aumenta cuando las promesas no se cumplen. En la medida en que vivimos en un mundo de promesas y decepciones y en que no hay sociedades políticas que no generen decepciones, la ira siempre estará ahí. Y la alternativa a la decepción es la resignación…». Sin duda que esta realidad está emparentada con la nuestra, en especial ahora que cabalgamos por un año electoral.


«Pero ocultar su cabeza no le da la razón al avestruz, con eso sólo logra ignorar lo que sucede».


Al observar la apatía que genera la política y el desgano ciudadano que suscita el haber creído en promesas y sufrido decepciones, se entiende que muchos eligieran vivir sus vidas privadas con la pretensión que la política no les estorbe demasiado pues piensan que es algo que no es con ellos, que es un asunto de otros, y que mejor será entre más distancia pongan con ella y menos se enteren de su devenir. Pero ocultar su cabeza no le da la razón al avestruz, con eso sólo logra ignorar lo que sucede. Esta es una actitud egoísta y poco solidaria, incompatible con la vida en comunidad y en democracia. Necesitamos tener esperanzas de cambio para que las cosas mejoren, no se puede caer simplemente en la ira y la decepción porque esta conduce a la resignación y a cierto autismo social.

En la citada entrevista, refiriéndose a los europeos, Sloterdijk señaló: «hoy sienten cierto malestar por su debilidad política. Aunque muchos siguen creyendo en el compromiso político, una gran parte de nuestra población occidental ha elegido ya la resignación, ya no creen en la política. Un importante sector de la población ha elegido el privatism, la prioridad de la vida privada», afirmaciones que son igualmente aplicables a nuestra sociedad. Pero pareciera que los implicados no se percatarán de esta situación y del hartazgo social manifestado en la baja favorabilidad que la opinión pública les da a ellos y a sus partidos y movimientos.

 

La política líquida

Lo mencionado se relaciona con el concepto de modernidad líquida propuesto por el sociólogo polaco Zigmunt Bauman (1925 – 2017) en referencia a la sociedad en que vivimos. Señala Bauman que los líquidos y los gases se caracterizan porque tienen la cualidad de la fluidez, mientras que los sólidos son elementos con forma definida y fija. Los primeros sufren constantes cambios como cuando tenemos un líquido en un vaso que al más ligero empujón cambia su forma. De ahí que la política al parecer se comporta cada vez más como una «cosa líquida» que no se ata a ningún partido o movimiento sólido, a ninguna doctrina ni principios consistentes, a ninguna forma concreta de pensamiento y proceder en el espacio ni en el tiempo, pues fluye  por donde quieran que vayan sus intereses de forma momentánea. Los sólidos no fluyen ni se desplazan con facilidad, tienen forma definida y son perdurables, ocupan espacio y tiempo (y pensamiento), pero tienen capacidad de cambio cuando hechos transcendentales lo exigen. Así deberían ser los partidos políticos, así ganarían la confianza ciudadana.


«[...] la política al parecer se comporta cada vez más como una "cosa líquida" que no se ata a ningún partido o movimiento sólido, a ninguna doctrina ni principios consistentes [...] , pues fluye por donde quieran que vayan sus intereses de forma momentánea.»


En su libro La modernidad líquida, Bauman comenta que el hombre se sume cada vez más en una individualidad colectiva, donde el individuo como tal sólo puede confiar en sí mismo, pues ya no confían en el Estado ni en los gobiernos ni en los políticos que le brindaban cierta seguridad presente y futura, cierta sensación de estabilidad. Ahora el individuo se encuentra con que esa seguridad se ha desvanecido y en consecuencia recurre a refugiarse en sí mismo para poder hacerse a esa seguridad, lo que lo torna cada vez más individualista y lo condena a la pérdida de las habilidades de convivencia.

Sobre este asunto señalé en el artículo Entre liderazgos líquidos (22-07-2020): «Los liderazgos líquidos nos acostumbraron a que todo era veloz y rápido. Nos hicieron pensar que las cosas no duran mucho, que siempre hay algo a la mano para reemplazar lo existente, que modernidad es sinónimo de prescindible. Los líderes líquidos se volvieron diestros en evitar problemas, en acomodarse a las situaciones, en ser camaleones, en surfear sobre las olas y las tendencias.

Esta maleabilidad llevó a la descomposición de los partidos políticos, a coaliciones sin ideologías, a negociados entre actores públicos y privados, a protagonismos y componendas, en fin, a dejar de lado la ética y el interés común. Por culpa de los liderazgos líquidos nos convertimos en una sociedad permisiva, carente de agentes e instituciones que la represente».

Armenia, 01 de marzo de 2022

 

Armando Rodríguez Jaramillo

arjquindio@gmail.com   /   @ArmandoQuindio


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