Hay que volver a pensar en grande como cuando se creó al Quindío


Por: Armando Rodríguez Jaramillo

Al llegar al sexagésimo aniversario de creación del departamento del Quindío es necesario precisar tres fechas clave para no caer en imprecisiones: la primera es el 19 de enero de 1966 cuando el Senado aprobó el proyecto de ley que lo creó; la segunda es el 7 de febrero día en el que el presidente Guillermo León Valencia sancionó la Ley 2 de 1966 que crea y organiza el departamento del Quindío con Armenia como capital; y la tercera es el 1 de julio de ese mismo año cuando se posesiona como primer gobernador Ancízar López López. En consecuencia, por obvias razones, el cumpleaños oficial del departamento es el 7 de febrero.

Pero este hecho histórico no sucedió por generación espontánea, pues Manizales tenía por aquellos años una clase política de alta relevancia nacional y enorme influencia en la Federación Nacional de Cafeteros, gremio que direccionaba los destinos de la caficultura y de buena parte de la economía nacional al ser el café el principal renglón de exportación. Así que la rebelión quindiana y el deseo de independencia fue una lucha desigual por donde se mire.

Sin embargo, hubo hitos históricos que representaron la antesala de una autonomía que se venía gestando a los que aludió el entonces presidente de la Academia de Historia del Quindió [AHQ], el exgobernador y escritor Jaime Lopera Gutiérrez, en el artículo La década admirable del Quindío, 1950 – 1962 publicado en 2013. Algunos de estos hechos de la década admirable fueron:

Deportes Quindío: La creación del equipo de fútbol profesional y su debut en el campeonato de 1951 empezó a marcar diferencias con Manizales, sede del Deportes Caldas, equipo que representada a ese departamento por aquellos años. Este hecho generó identidad y sentido de pertenencia alrededor de una camiseta con los colores de la bandera de Armenia que transmitía un enaltecedor regionalismo que se apoderó de los quindianos y fomentó la rivalidad con Pereira y Manizales.

Diócesis de Armenia: Creada a través de la Bula Papal del 17 de diciembre de 1952 con monseñor Jesús Martínez Vargas como su primer obispo. Esto permitió que Armenia y municipios circundantes tuvieran su propia jurisdicción eclesiástica sin depender de la Diócesis de Manizales a la que pertenecían desde 1900.

Octava Brigada: Debido a la violencia política entre liberales y conservadores, y en especial por el bandolerismo que asolaba a la cordillera Central entre Tolima, Valle del Cauca y sur de Caldas, el gobierno nacional creo la Jefatura Civil y Militar del Quindío en 1957 que luego condujo a la creación de la Octava Brigada con sede en Armenia y jurisdicción en el Eje Cafetero y varios municipios del norte del Valle, determinación trascendental para lograr la paz y crear el entorno propicio para el progreso.

Universidad del Quindío: Primera universidad en la región creada el 14 de octubre de 1960 mediante el Acuerdo 023 del concejo de Armenia, alma máter que inició funcionamiento en 1962 ofreciéndole a los jóvenes la posibilidad de acceder a estudios superiores sin tener que trasladarse a universidades de Manizales, Popayán, Bogotá y otras ciudades. 

A estos cuatro hitos mencionado por Lopera Gutiérrez, adiciono otros dos que considero de gran relevancia:

Corporación Autónoma Regional del Quindío. Su creación fue aprobada por el Congreso en 1964 inspirada en las experiencias de la Misión Lilienthal y los logros de la Tennessee Valley Corp. de EE.UU. En sus inicios la CRQ tuvo el propósito de proyectar al Quindío como generador de su propia energía eléctrica, diversificar la economía cafetera e impulsar la industrialización del departamento, objetivos que con los años cambiaron para convertirse en la autoridad ambiental.

Comité Departamental de Cafeteros del Quindío. El 5 de agosto de 1966 se crea el Comité con autonomía para planificar y gestionar la caficultura en el territorio. En los siguientes años este gremio fue el principal socio del gobierno departamental en la construcción de vías rurales, acueductos, electrificación, escuelas y puestos de salud, al tiempo que siempre participó en los principales proyectos de desarrollo local.

Sin duda que estos seis hitos contribuyeron a formar la institucionalidad que hizo realidad el deseo de ser entidad territorial, propósito impulsado por diferentes Juntas Prodepartamento, desde la primera en 1951 bajo el liderazgo de Euclides Jaramillo Arango y Elías Vélez hasta la que finalmente cristalizó la idea quince años después. Es importante anotar que el proyecto inicial incluía a cuatro municipios del Valle del Cauca (Caicedonia, Sevilla, Alcalá y Ulloa), los cuales fueron retirados de la pretensión y así lograr el apoyo de los congresistas del Valle.


«Esto evidencia la titánica empresa que fue enfrentar el centralismo y el poder que se tenía desde Manizales, lo que hacía pensar que semejante aspiración fuese una utopía». 


Pero, según el historiador risaraldense Ricardo de los Ríos Tobón en su libro La independencia del Quindío. Historia de una larga lucha publicado en 2006 por la AHQ, la insistencia de los quindianos por crear su departamento fue una contienda desigual. Sobre cómo se respondía desde Manizales a este proyecto, señaló: «A lo cual la capital caldense correspondía con un cierto desinterés; explicable porque, a pesar de las tensiones regionales, el Departamento (Caldas) seguía progresando apoyado sobre el café, y se había convertido en la tercera unidad administrativa del país con tres ciudades muy importantes y con un inmenso poder político, sobre todo del notablato manizaleño como fue la época del llamado grecolatinismo, o grecoquimbayismo como se decía cuando se quería incluir en su lista a algún quindiano…». Esto evidencia la titánica empresa que fue enfrentar el centralismo y el poder que se tenía desde Manizales, lo que hacía pensar que semejante aspiración fuese una utopía.

La persistencia de los dirigentes públicos y privados de la época y la explicación de cómo se mantuvo tozudamente la cantaleta de la autonomía a pesar de los escollos y dificultades se debió a que, a diferencia de otras regiones de Caldas, la provincia del Quindío tenía identidad propia motivada por una relativa homogeneidad de un territorio sin accidentes geográficos que separara a sus moradores, identidad que se moldeó gracias a rasgos culturales heredados, principalmente, de la colonización antioqueña y afincados en la cultura del café. Esto facilitó que los pobladores tejieran lazos de solidaridad con capacidad de unir esfuerzos y formar ese civismo que hizo pensar en grande. A esto se debe en buena parte el desarrollo alcanzado por Armenia a partir de los años treinta cuando fue reconocida como la «Ciudad Milagro» de Colombia. 

Sobre estos aspectos Ríos Tobón escribió: «Lo cierto es que si se mira al Caldas Grande, el de hace medio siglo, la única zona a la que pudiera llamarse con exactitud una región era al Quindío, y así lo entendían no solo el Departamento, sino Colombia entera. De allí que, sintiéndose unida y económicamente fuerte, precisamente por su café, la región quindiana aspiraba, suspiraba y luchaba por una independencia política, situación a que la forzaban las actitudes aisladas y egoístas de Manizales y de Pereira, en su rivalidad permanente que redundaba en descuido para otras regiones caldenses».

Así que valdría la pena reflexionar sobre esa capacidad de pensar en grande y el tesón y determinación de aquellos quindianos que integraron las juntas prodepartamento y de los políticos que desde el Congreso desafiaron al poder de Caldas. El sentido de pertenencia, identidad y civismo de aquella generación nos habla desde el pasado para invitarnos, sesenta años después, a despertar y volver a tener la determinación, el arrojo y la osadía de pensar en grande el futuro del Quindío.

Correo: arjquindio@gmail.com  /  X: @ArmandoQuindio  /  Blog: www.quindiopolis.co

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