«El comportamiento de las personas dice mucho del tipo de sociedad
que se tiene y de la ciudad donde viven».
Por: Armando Rodríguez Jaramillo
El Programa
Armenia Cómo Vamos, liderado por la Fundación Corona y que en Armenia tiene
de socios a La Nueva Crónica, Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío,
Comfenalco y las universidades del Quindío, EAM y Alexander von Humboltd,
presentó el pasado 20 de enero la Encuesta de percepción ciudadana 2025 con
el propósito de «conocer la opinión de las personas sobre el rumbo de las cosas
en la ciudad a través de indicadores clave que permitan medir los niveles de
satisfacción sobre la calidad de vida», para lo cual indagó, mediante 753
encuestas, lo que piensan los armenios sobre temas como salud, educación,
servicios públicos, cultura y recreación, condiciones económicas, medio
ambiente, seguridad, movilidad, participación y gestión pública. En medio de
este cúmulo de información, me di a la tarea de reparar en aquellas respuestas que
sirvieran para medir el pulso a la cultura ciudadana, o si se quiere, al
civismo, manifestación que deberían ser objeto de una profunda reflexión por
parte de las autoridades y, por su puesto, de la población en general.
En la
encuesta se lee que el 67% de los armenios se sienten orgullosos de su ciudad,
es decir, que una tercera parte de ellos no sienten estimación por el lugar
donde viven, situación que compromete el amor propio por el terruño. Otro
aspecto relevante es que el 67% manifestó estar insatisfecho con la oferta de
actividades deportivas y recreativas y el 71% lo está con la oferta cultural, a
esto se suma que el 64% respondiera que durante el último año no realizó actividades
culturales y que solo el 11% afirmara que visitó museos, galerías, bibliotecas
monumentos o sitios históricos. Esto permite deducir que las actividades
culturales, deportivas y recreativas, que son distracciones sanas, no son
relevantes para la mayoría.
De otra
parte, el 54% dijo ser pesimista sobre la situación futura de la economía en
Armenia lo que puede llevar a crear un clima de incertidumbre. En cuanto al
ambiente y el entorno, la satisfacción de la población con la calidad del aire
y del agua es de solo el 54 y 51% respectivamente, con la cantidad de árboles
urbanos llega al 46% y con las áreas verdes y parques de la ciudad al 41%. Y
cuando se averiguó por la satisfacción con el estado de las vías y andenes las
respuestas fueron del 22 y 26% respectivamente, y por el estado de los
paraderos de buses y alumbrado público del 46 y 52%.
Otro
aspecto de gran sensibilidad es la seguridad, encontrando que solo el 31% de
las personas se sienten seguros, lo que parece estar en consonancia con los
enrejados que con frecuencia se observan en antejardines y fachadas de viviendas
y locales comerciales. En cuanto a la participación ciudadana, el 91% de las
personas dijo que no participa en ninguna forma de asociación como grupos
cívicos, juntas de acción comunal, movimientos políticos, organizaciones no
gubernamentales, sindicatos o gremios; y no participan, dice el 41% de las
personas, porque no les interesa, lo cual se puede asumir como un
comportamiento individualista que fractura la vida en comunidad y el interés
público.
Por último,
entre el 38 y 48% de los ciudadanos se comportan muy mal en relación con
el cumplimiento de normas de tránsito, ambientales, de espacio público y de
convivencia. Esto se torna más crítico al ver que entre el 20 y 29% de ellos también
se comportan muy mal en cuanto al respeto hacia las mujeres, niños,
ancianos y vecinos, y que en promedio el 60% de los encuestados consideran que es
algo probable o nada probable que se reciba un castigo o una amonestación de
las autoridades si se arroja basura en las calles o se daña el espacio público.
Así que de nosotros depende que la información presentada por el programa Armenia Cómo Vamos la aprovechemos no solo para saber lo que piensa la gente sobre su localidad, sino también para reflexionar y tomar decisiones que conduzcan a fortalecer el orgullo y sentido de pertenencia, la cultura ciudadana, las relaciones de convivencia, el sentido de lo público y el pensamiento crítico.
«El civismo solo permea
la consciencia de los pueblos si se inculca, se enseña y se cimenta en los
primeros años de vida».
No pasemos
por alto que el comportamiento de las personas dice mucho del tipo de sociedad
que se tiene y de la ciudad donde viven. No pretendo sentar cátedra sobre
civismo, que para algunos es algo cursi y pasado de moda, pero que tiene que
ver con el respeto y la responsabilidad de los ciudadanos hacia su comunidad y
sus instituciones lo que significa seguir normas y valores para una convivencia
pacífica y armónica entre los miembros de una sociedad. Históricamente el
civismo estuvo relacionado con la participación en la vida pública, pero en la
actualidad se basa en principios fundamentales como el respeto por los
derechos y opiniones de los demás, la tolerancia que nos lleve a
aprender a convivir con personas de diferentes creencias y estilos de vida, la responsabilidad
con las normas y obligaciones ciudadanas y la solidaridad para
contribuir y colaborar con otros en la búsqueda del bienestar común.
Pero el
civismo solo permea la consciencia de los pueblos si se inculca, se enseña y se
cimenta en los primeros años de vida en el hogar gracias al papel de los padres
y la familia, en primera instancia, y luego por los profesores en la escuela
permitiendo formar ese embrión de una conciencia colectiva que sirva como
sistema de referencia conductual para encaminar la acción del
individuo. La educación cívica es para toda la vida y se transmite con el
ejemplo por lo que debería estar en la agenda política y también formar parte
del currículo escolar con una suficiente carga lectiva.
La pérdida
de los referentes cívicos deja un vacío que es cubierto por éticas a la medida
de personas o grupos de interés que por lo general son incompatibles con un
sistema compartido de valores. Y cuando esto sucede, se presentan tantos
dueños de la verdad con intención de apropiarse de un pedacito de ciudad que es
prácticamente imposible el consenso en torno a las conductas que exige la vida
en comunidad.
Los retos
que tenemos son enormes y entre más nos demoremos en actuar estaremos cada vez más
lejos de alcanzar la ansiada cultura cívica, por lo que es necesario hacer un
gran esfuerzo para reconstruir la confianza de la sociedad en sí misma y en las
instituciones, y esto se logra si asumimos el compromiso de formar un nuevo
paradigma ciudadano y de restaurar perfil del político y el administrador
público, por ello es urgente promover una ciudadanía responsable que esté presente
en la educación de las personas desde su más tierna infancia.
Finalmente, la información de Armenia Cómo Vamos pone en evidencia las grietas que tiene nuestra cultura cívica y nos invita a pensar en el civismo como algo fundamental para la cohesión social y el bienestar colectivo. El civismo es sin duda la mejor inversión para el bienestar de la sociedad, el fortalecimiento del tejido social y la promoción de la convivencia, bases fundamentales de una sociedad desarrollada.
Correo:
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Blog: www.quindiopolis.co

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