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El almanaque pintoresco de Bristol


«Terminé por agradecer que mis padres nunca consultaran el santoral del Bristol para escoger el nombre de sus hijos, pues pude correr el riesgo de llamarme Evezio, Faustiniano o Gabriel de la Dolorosa».

 

Caminando por las calles de mi ciudad en medio de esa agitación que sólo se da en navidad y por andenes atiborrados de peatones, mercancías y ventas de comidas, un cuadernillo de color rojo anaranjado capturó mi atención. Era el almanaque pintoresco de Bristol.

Al verlo quise tener en mis manos el librito que mi abuelo Alfonso, campesino por naturaleza, llevaba a la finca los diciembres, el que tenía en su portada a ese personaje inmutable de aspecto decimonónico. Por aquellos años su contenido me parecía fantástico y alucinante. Era una fábula emocionante. Era un cuadernillo que nos adelantaba el año por llegar.

Cuánto vale el almanaque de Bristol le dije a aquel vendedor que tenía varios ejemplares tirados en el suelo entre otras curiosidades de poca monta. Nada más que dos mil pesitos señor, respondió, y de inmediato me hice al ansiado tesoro. Hace muchos años, no sé cuántos, de cuatro o cinco décadas tal vez, no palpaba semejante publicación. Y aunque me moría de ganas de hojearlo, de descubrir su contenido, una fuerza interna me lo impidió. ¿Será el mismo de siempre? ¿Habrá cambiado? ¿Lo desmejoraron? ¿Y si no me gusta y los recuerdos de infancia se desinflan? Estas y otras preguntas pasaron por mí mente mientras observaba la portada de toda una vida, esa que solo cambia con la fecha del año siguiente.

Entonces recordé que hace poco había indagado sobre el enigmático almanaque que fue publicado inicialmente en 1832 por el químico farmacéutico Cyrenilus Chapin Bristol, cuyo rostro es el que aparece en la portada, adquirido posteriormente por la empresa Lanman & Kemp-Barclay & Co. Inc de Nueva Yersey (EE. UU.) y que desde hace casi dos siglos presenta los mismos contenidos. En el artículo «El Almanaque Pintoresco de Bristol: cómo un folleto anual inventado por un farmacéutico hace casi dos siglos es un objeto de culto en Colombia y otros países de Latinoamérica», de Patricia Sulbarán Lovera publicado el 26 de diciembre de 2017 en la BBC News Mundo, dice que en nuestro país «no pueden celebrar la Navidad si no tienen el Bristol en sus casas». Según el periodista colombiano Mario Jursich, citado en el artículo de la BBC, su éxito tiene que ver que con el paso del tiempo ha sido una herramienta de alfabetización en zonas rurales. «No tiene largos párrafos ni explicaciones muy detalladas. Es fundamentalmente un resumen de conocimientos útiles, lo que en la época se consideraba que una persona con un mínimo de instrucción debía saber para cumplir con una serie de labores», explica Jursich, quién además mencionó que otra de las característica del Almanaque de Bristol es su ausencia de contenido político: «A diferencia de casi todo el material impreso que circuló en la época (siglo XIX y XX), los de Bristol se las arreglaban para no despertar la suspicacia política de los gobiernos. Nunca sufrió censura, ni eclesiástica ni oficial».

 

Redescubriendo el almanaque de Bristol.

Cuando por fin abrí mi Bristol recién comprado creí viajar en el tiempo y regresar a la infancia. Qué sorpresa fue toparme de nuevo con los anuncios del Agua Florida de Murray y Lanman, una colonia que se vende desde 1808 a la que se le atribuye supuestas propiedades medicinales, el Tricófero de Barry, un líquido que prometía hacer crecer el cabello, y el Jabón de Reuter que limpia, suaviza y protege la piel y manos dándoles un aspecto saludable, productos multiusos muy populares en los pueblos y en el campo. También leí las predicciones del tiempo y de las mareas para cada mes, los mejores días para pescar, cuándo serán los eclipses lunares y solares, algunos datos astronómicos, el santoral católico, el horóscopo, uno que otro chiste y la infaltable tragicomedia en ocho cuadros.

Pero tal vez lo que más curiosidad me dio fue leer el horóscopo y saber lo que me deparará el 2022: Supe que mi cualidad será la estabilidad. Azul, verde y rosa los colores. Los mejores días los viernes y lunes. Mi planeta regente Venus. Los números de la suerte 2, 6, 11, 20 y 29. Además, que empezaré el año con un periodo de inestabilidad financiera, pero a medida que vaya corriendo todas mis luchas pasadas tendrán recompensa y con esto la sensación de tranquilidad en la vida personal y financiera. En el ámbito laboral, promete ser un año de ganancias personales y con Júpiter entrando en la décima casa tendré aumentos y ascensos. En la salud, el estrés por problemas familiares podrá afectar mi vitalidad ya que Marte entrará a la casa del bienestar y familia, por eso debo seguir con una dieta equilibrada y ejercitarme como venía haciéndolo.

Sin sospechar siquiera para qué me servirá todo esto, terminé por agradecer que mis padres nunca consultaran el santoral del Bristol para escoger el nombre de sus hijos, pues pude correr el riesgo de llamarme Evezio, Faustiniano o Gabriel de la Dolorosa.

Definitivamente el almanaque pintoresco de Bristol hace parte de las tradiciones y la cultura popular. Sus distribuidores saben que lo deben comercializar en diciembre pues en enero pocos lo compran, y los que no lo han hecho en febrero, esperan hasta el próximo diciembre para hacerlo. Es un producto mágico y entrañable que para los mayorcitos y la gente del campo representa una relación afectiva difícil de borrar.

20 de diciembre de 2021

 

Armando Rodríguez Jaramillo

arjquindio@gmail.com   /   @ArmandoQuindio.

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