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El futuro y la ingeniería inversa


En enero de 2017 El Colombiano de Medellín lanzó la iniciativa «Soñemos Antioquia 2030» para invitar a los antioqueños a que enviarían una descripción vivencial que el periódico definió como un texto corto, de lectura fácil e inspirador, que situara al lector imaginariamente en el año 2030, de forma que narrara los cambios que vivió Antioquia y explicara los avances y las medidas que se tomaron para llegar allí, de ahí que la primera mitad de la descripción explicaba qué se logró y la segunda cómo se logró.

Los textos que los lectores redactaron fueron evaluados por un grupo de editores y luego publicados junto a otras descripciones vivenciales de personajes y líderes que también se atrevieron a soñar su región. En últimas, el periódico motivó a los antioqueños a que dijeran que querían de su departamento y de esta forma se devolvieran y relataran qué tuvo que suceder para que esa visión se convirtiera en realidad. Este fue, ni más ni menos, un interesante ejercicio ciudadano de prospectiva que puso a volar la imaginación sin importar si el sueño era o no realizable.

Lo que parecía tan solo una representación, resultó ser un poderoso ejercicio de ingeniería inversa que aportó ideas y propuestas maravillosas sin detenerse en los convencionalismos de los expertos en prospectiva. La ingeniería inversa es un proceso mediante el cual se observa cómo está construido un objeto, programa o sistema, cuáles son sus componentes, cómo funciona y, si se quiere, cómo se fabricó con el propósito de mejorarlo o duplicarlo. Al parecer esta técnica se originó durante la Segunda Guerra Mundial cuando un ejército incautaba al enemigo aparatos como aviones, tanques o equipos sofisticados para luego desbaratarlos con el fin de ver sus componentes y conocer su funcionamiento, y así mejorar los suyos. También se aplica, por ejemplo, para reproducir imágenes en 3D de piezas ya fabricadas cuando no se cuenta con planos para hacerlas.

Entonces, si los paisas soñaron la Antioquia deseada motivados por la convocatoria de El Colombiano, por qué no imaginar el departamento y la ciudad que queremos en lo social, económico, político, tecnológico, educativo, urbano – rural y ambiental en los siguientes diez o quince años y así levantar los consensos necesarios para convertirnos en una sociedad próspera, incluyente y equitativa, con bienestar y calidad de vida. Y luego, sin temor a las utopías, someter esta visión a un proceso de ingeniería inversa con el fin de identificar qué debemos hacer mes a mes, año a año, para construir esa sociedad imaginada y deseada.

Esto, que algunos probablemente calificarán de descabellado, no es así, pues los manuales de prospectiva contemplan que un método para explorar lo por venir es identificar futuros probables y deseables y luego trazar una hoja de ruta para alcanzarlos. Sin embargo, creo que lo realmente difícil no es cómo hacerlo, es acordar qué hacer.

 

Armando Rodríguez Jaramillo

@arj_opina

arjquindio@gmail.com

 

 

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