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Indiferencia por el patrimonio cultural


Qué grato es disfrutar del patrimonio cultural de los pueblos cuando este se respeta, cuando hace parte fundamental de los valores de la sociedad y cuando es prioritaria su conservación para las autoridades. Qué ingrato es hablar de patrimonio cuando se le menosprecia y abandona, cuando se trata con desidia e indolencia tal como parece suceder con lo que nos recuerda en la Ciudad Milagro al Tigrero y demás personajes que participaron en su fundación.

Claro está que hay normas que velan por su conservación como la Ley 1185 del 12 de marzo de 2008 referente al patrimonio cultural representado por los bienes de naturaleza mueble e inmueble de especial interés histórico, testimonial, arqueológico, museológico o antropológico, y como el Acuerdo Municipal N° 019 de 2009 que adopta el Plan de Ordenamiento Territorial de Armenia que señala como elementos estructurantes del espacio público los hitos de interés colectivo, monumentos y esculturas, y determina los  elementos constitutivos de interés cultural tangibles e intangibles del municipio como los bienes muebles e inmuebles que en razón a su calidad arquitectónica, urbanística, histórica y testimonial hacen parte del patrimonio cultural de la ciudad; sin embargo, estas normas poco aportan de si se carece de la necesaria consciencia cívica y ética pública que tutele comportamientos sociales de respeto y preservación del patrimonio y las tradiciones.


Y es que parece que no bastó con el atropello cometido por la administración Valencia Franco contra el parque de Los Fundadores, en especial el relacionado con la profanación de la tumba de Jesús María Ocampo y su señora esposa y con la absurda construcción de casetas antiestéticas en la plazoleta histórica donde se posesionó el primer gobernador del Quindío, sino que ahora asistimos al cierren del espacio que había delante del edificio Tigreros (sic), ubicado en la carrera 14 N° 19 - 46 enfrente a la Asamblea Departamental, donde se hallan dos placas que les recuerdan a los armenios que en aquel lugar sesionó por primera vez la Junta Fundadora de la ciudad, placas que quedaron bajo cerrojo. 

Para dimensionar cabalmente la importancia de las mencionadas placas me permito transcribir sus leyendas: «En este lugar celebró sus primeras sesiones la junta fundadora de la ciudad de Armenia el día 14 de octubre de 1889; principales fundadores Jesús María Ocampo (a. Tigrero), Alejandro y Jesús María Suárez. Concejo Municipal de 1922» y «Homenaje de la Universidad de Caldas a los fundadores de Armenia. Julio 19 de 1956».

Ignoro si el cerramiento que se hizo en la fachada del edificio Tigreros se realizó por decisión unilateral de sus propietarios o si requería permiso oficial de la Alcaldía, pero lo que sí es de esperar por parte de los ciudadanos que aún creemos en una ciudad orgullosa de su historia, es que el Señor Alcalde Carlos Mario Álvarez Morales le devuelva a Armenia estos retazos de su patrimonio tal como lo hizo cuando depositó en el mausoleo, construido para tal fin en el parque de Los Fundadores, los restos de Jesús María Ocampo y Arsenia Cardona con los honores que merecían como fundadores de la ciudad, enmendando así el yerro de su antecesora.

Armando Rodríguez Jaramillo

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