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El secuestro del interés público

Los debates sobre temas de ciudad deben ser públicos para que generen consciencia colectiva y apropiación del lugar donde se vive y se convive. Los asuntos de ciudad le incumben a la sociedad en su conjunto, y bajo ninguna circunstancia pueden ser tratados como si fueran activos privados; no obstante, la más de la veces terminan secuestrados por grupos de poder que se las arreglan para usufructuar, política y económicamente, lo que es de todos.

Así que es hora empezar a desligar lo colectivo de lo particular. No es para nada inteligente que la sociedad continúe haciendo el juego en cuerpo ajeno de defender posiciones sobre desarrollo territorial, gobernabilidad y bienestar de la población acolitando argumentos de grupos políticos y de conveniencia especial, como si todo lo que nos afectara y sus posibles soluciones tuviera que pasar por el tamiz de las aprobaciones y decisiones de los que se disputan el poder electoral sin que nos demos la oportunidad de ensayar otras alternativas.

De ahí que asuntos como la movilidad y el desarrollo vial deberían discutirse pensando en la infraestructura que requiere la ciudad para su desarrollo a mediano y largo plazo y en el estudio de las opciones de financiación más convenientes para los ciudadanos y el fisco municipal, incluyendo, por supuesto, la contribución de valorización, sin dejarnos llevar por las posturas de quienes sólo piensan en hacerse con el manejo de los procesos de contratación de la obra pública.

Cuestiones como las relaciones metropolitanas entre Armenia y sus municipios vecinos convendrían que se hicieran con fundamento en el reconocimiento de los procesos de conurbación entre las entidades territoriales involucradas con el fin de planificar las expansiones de los perímetros urbanos, la prestación integral de los servicios públicos domiciliarios, el desarrollo vial y la organización del transporte masivo, elementos que podrían conducir a la eventual decisión de conformar un área metropolitana, sin que esto signifique que debamos encasillarnos en una contienda política cuyas opciones se limitan a qué grupo político acumularía más poder local con esta decisión.

Temas como el acueducto regional interesaría abordarlos con base en aspectos como la conservación de cuencas hidrográficas, eficiencia en la prestación del servicio, administración integral del recurso agua y la economía de escala que se alcanzaría si se tiene una sola empresa prestadora del servicio, sin importar qué partido controla la gobernación y las alcaldías, y en particular, quién ejerce el dominio en las Empresas Públicas de Armenia y Empresas Públicas del Quindío.

En este orden de ideas, hay que desterrar la politiquería de ciertos temas y oxigenar el debate y las decisiones alrededor de asuntos estratégicos y trascendentales para los quindianos, y esto sería posible si nos abrimos a opiniones de reconocidos expertos, si dejamos que nuestras universidades participen, si se escucha a la gente y si se asumen posiciones objetivas en defensa del interés general; pero, sobre todo, si nos oponemos al secuestro de los asuntos públicos y de las entidades a las que les corresponde resolverlos, pues no olvidemos que las instituciones y los partidos políticos se degradan cuando dejan de hacer política.


Armando Rodríguez Jaramillo.

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