El tocayo de la corrupción

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

 Por: Jaime Lopera Gutiérrez

En una larga y productiva conversación de amigos, surgió de repente el interrogante de saber, en términos generales, quién es el tocayo de la corrupción. En otras palabras, quién es el actor al que se le debe dar más importancia por un contrato dado o ganado, por una asignación otorgada o por un empleo holgadamente remunerado.

No fue nada difícil hallar al amigo de marras, el “personaje” que coopera en las situaciones irregulares y que ayuda, mediante procedimientos lícitos o no, a que una transacción, pública o privada, se lleve a cabo exitosamente. Ese aliado solía llamarse, en la antigua Roma, con el nombre de “cui bono”, es decir, “a quién le interesa”. 

Un ejemplo al azar aclara mejor el panorama. El departamento de Recursos Humanos de una empresa implementó una nueva norma estricta: a partir del próximo mes, quedaba prohibido almorzar en los escritorios y era obligatorio usar el nuevo comedor del tercer piso. La empresa decía que es «para mejorar la higiene».

Algunos empleados decidieron examinar la situación preguntándose cui bono. Esto fue lo que hallaron: 

El comedor del tercer piso no es gratis; está concesionado a una empresa externa de catering. Al investigar más a fondo, descubren que el dueño de esa empresa de catering es el cuñado del director de Recursos Humanos. Al responder a quién beneficia realmente la norma, los empleados descubren que el motivo principal no era la higiene, sino generar ganancias para un familiar.

El análisis del cui bono permitió saber que una decisión aparentemente de bienestar llevaba escondida la intención de hacer un negocio entre familiares que contradecía las normas de ética de la empresa. Como este caso se pueden registrar millares: pero basta que los investigadores de la Fiscalía se detengan a hacer esta pregunta, y algo saldrá a la luz para confirmar un delito clandestino.

Nuestra conclusión es que la corrupción acumula muchos intereses, a menudo bien conocidos, cuya identificación reclama intuición y tenacidad de los fiscales para coger el toro por los cuernos: si la primera pregunta que se hace un investigador es cui bono, muy probablemente se separaran las aguas del mar Rojo y las evidencias de un delito quedaran al descubierto. Algo ayudaron los romanos con esta propuesta para combatir dicho flagelo.

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