Por Armando Rodríguez Jaramillo
«Esto también pasará» es una poderosa leyenda anónima que ha perdurado a lo largo
de los siglos por la profunda sabiduría que encierra capaz de transformar la
perspectiva de los individuos porque tiene la virtud de resonar en lo más
íntimo de cualquier ser humano. La aludida leyenda dice:
Una vez, un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte
y les dijo:
–He mandado hacer un precioso anillo con un diamante a uno de los mejores
orfebres del reino. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras
que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda
acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en
el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser
pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo.
Todos aquellos que escucharon los deseos del rey eran grandes sabios,
eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un mensaje que
contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un
anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía
por muchas horas, sin encontrar nada que se ajustara a los deseos del poderoso
rey.
El rey tenía muy próximo a él un sirviente muy querido. Este hombre, que
había sido también sirviente de su padre y había cuidado de él cuando su madre
había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos. El
rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:
–No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje.
– ¿Cómo lo sabes preguntó el rey?
–Durante mi larga vida en Palacio me he encontrado con todo tipo de
gente, y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu
padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañé hasta la
puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje.
En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado
mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.
–Pero no lo leas –dijo–, mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo
cuando no encuentres salida en una situación.
Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio
amenazado. Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos
lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento,
llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio
y un profundo valle. Caer por él, sería fatal. No podía volver atrás, porque el
enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las
voces, la proximidad del enemigo.
Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí
encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento… simplemente decía
«ESTO TAMBIÉN PASARÁ».
En ese momento fue consciente que se cernía sobre él un gran silencio. Los
enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque o tal vez equivocado
de camino. Pero lo cierto es que lo rodeó un inmenso silencio. Ya no se sentía
el trotar de los caballos.
El rey se sintió profundamente agradecido al sirviente y al maestro
desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió
a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente su ejército y reconquistó su
reinado.
El día de la victoria, en la ciudad hubo una gran celebración con música
y baile…y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo. En ese momento,
nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo:
–Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje
del anillo.
– ¿Qué quieres decir?, –preguntó el rey–. Ahora estoy viviendo una
situación de euforia y alegría, las personas celebran mi retorno, hemos vencido
al enemigo.
– Escucha –dijo el anciano–, este mensaje no es solamente para
situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo
para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas
victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando
eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje… «ESTO TAMBIÉN PASARÁ».
Y, nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la
muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego habían
desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan
transitorio como lo bueno.
Entonces el anciano le dijo:
–Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son
permanentes. Como el día y la noche hay momentos de alegría y momentos de
tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la
naturaleza misma de las cosas.
Esta leyenda es
una sentencia atemporal para un mundo donde la grandeza y la adversidad van de
la mano. Nos hace pensar en las discontinuidades de la existencia porque tanto
los momentos buenos como los malos se desvanecerán enseñándonos la naturaleza
transitoria de las situaciones de la vida. Nos recuerda que nada es eterno y
que debemos saber valorar y disfrutar con humildad los momentos de alegría,
plenitud y abundancia, como también los tiempos difíciles y turbulentos pues estos
también son temporales.
El texto en mención nos estimula a reflexionar sobre los cambios que definen nuestras vidas con el propósito de mantener el equilibrio y no dejarnos llevar por la arrogancia y la soberbia en los tiempos buenos ni por la desesperanza ni la desilusión en los momentos malos. De ahí que «Esto también pasará» nos habla de la transitoriedad de las situaciones de la vida y nos invita a recapacitar que aún en los mejores y en los peores momentos la vida continúa su rumbo y que es necesario revestirnos de fortaleza y esperanza para superar con sabiduría y gratitud las situaciones que se nos presentan.
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