60 años del Quindío

Por: Armando Rodríguez Jaramillo

En tiempos en los que la historia local dejó de enseñarse en escuelas y colegios, la tradición oral perdió vigencia y el civismo cedió terreno ante la indiferencia colectiva; en una época en la que olvidamos el significado de nuestros símbolos (himno, bandera y escudo) y se minimizó la celebración de fechas especiales que forjaron identidad y sentido de pertenencia, quiero recordar tres fechas clave con motivo del sexagésimo aniversario de creación del departamento del Quindío.

La primera de ellas es el 19 de enero de 1966 cuando el Senado aprobó el proyecto de ley que creó el departamento. La segunda corresponde al 7 de febrero, fecha en la que el presidente Guillermo León Valencia Muñoz sancionó la Ley 2 de 1966 por la cual se crea y organiza el departamento del Quindío y determina que Armenia es su capital. Y el tercer hecho memorable sucedió 1 de julio de ese año con la posesión del primer gobernador Ancízar López López ante el presidente de la República en un acto multitudinario acaecido en la plazoleta del parque de Los Fundadores, espacio público patrimonial donde nació a la vida político-administrativa el Quindío.

Desafortunadamente el significado de estos momentos trascendentales de nuestra historia y sus protagonistas cívicos, gremiales y políticos que los hicieron posibles han caído en el olvido ante el poco interés que hay por mantener encendida la llama de la quindianidad. Yo no soy experto en asuntos de identidad, sólo sé que me siento quindiano hasta los tuétanos y que por siempre me ha movido el espíritu y la voluntad de trabajar por este terruño que es la cuna de mis mayores y la tierra de mis hijos. De ahí que esté convencido que la quindianidad se siente en el alma aun cuando no haya palabras para definirla. Pero, estos sentimientos por la región, su cultura y las tradiciones heredadas de los ancestros hay que cultivarlos y transmitirlos, propósito en el que juegan un papel fundamental los símbolos y la narrativa, pues en mayor o menor medida somos lo que pensamos y nos contamos sobre nosotros mismos porque las historias de lo que somos nos dan identidad y sentido de pertenencia.

En esto radica la importancia de conmemorar los acontecimientos relevantes de nuestra historia para que perduren en la memoria colectiva. Cómo olvidar la solemnidad de los festejos aniversarios del departamento en sus primeras décadas de existencia cuando, además de tedeums y ofrendas florales, se decretaba el primero de julio como «día cívico» y se izaban las banderas del Quindío y de Armenia en los balcones y ventanas de nuestras casas y en las fachadas de las sedes de gobierno y entidades representativas, tiempos en los que se hacían actos protocolarios y desfiles con la participación de autoridades civiles, militares y eclesiásticas, además de gremios y entidades cívicas, eventos en los que las bandas marciales de colegios, ejército y policía marchaban en formación. Eran celebraciones con programaciones culturales que recordaban el significado de la historia y mantenían viva la quindianidad y la civilidad, épocas en las que los actos oficiales se celebraban con estricto protocolo en la plazoleta del parque de Los Fundadores antes que este espacio patrimonial cargado de simbolismo fuera entregado en alquiler por la alcaldía de Armenia para poner cafeterías.

Pero el tiempo pasó, la historia se olvidó, el civismo se eclipsó y la indiferencia ante las fechas y los símbolos que nos recuerdan la génesis del Quindío nos fue atrapando.

Correo: arjquindio@gmail.com  /  X: @ArmandoQuindio  /  Blog: www.quindiopolis.co

 

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