«Hay que recuperar el sentido de pertenencia e identidad que
encarna la quindianidad».
Por: Armando Rodríguez Jaramillo.
Los aniversarios invitan a celebrar eventos significativos
ocurridos en fechas específicas, acontecimientos dignos de recordar para que
perduren en la memoria colectiva. Y es que en este 2026 llegamos al sexagésimo
aniversario de creación del departamento del Quindío, efemérides que deberíamos
conmemorar con bombos y platillos por lo que representó el habernos separado de
Caldas mediante la conformación de juntas pro-departamento en los años cincuenta
y sesenta para sacar adelante el proyecto colectivo más grande que jamás tuvimos.
Esa gesta victoriosa hay que mirarla, no desde el
presentismo, sino desde el gran poder que tenía Caldas en cuya capital se
concentraba una clase dirigente de políticos, intelectuales y empresarios de
mucho peso, al punto que Manizales era considerada la quinta ciudad del país detrás
de Bogotá,
Medellín, Cali y Barranquilla. Esto para decir que el anhelo de crear el
departamento fue, sin duda, una lucha desigual entre los que ostentaban poder
económico y político regional y nacional y un puñado de ciudadanos y dirigentes
armados de buenas intenciones, aspiración que se hizo realidad en 1966.
Por consiguiente, al cumplirse sesenta años de creación del
departamento del Quindío quiero hacer precisión en tres fechas clave que debemos
tener en cuenta: la primera es el 19 de enero de 1966, cuando el Senado aprobó el proyecto de ley que lo creó; la segunda es el 7 de
febrero, día en el que el presidente Guillermo León Valencia sancionó la Ley
2 de 1966 que crea y organiza el departamento del Quindío con Armenia como
capital; y la tercera es el 1 de julio de ese mismo año, cuando se
posesiona como su primer gobernador Ancízar López López. En consecuencia, el 7
de febrero de 1966 se crea legalmente en departamento y el 1 de julio empieza a
funcionar con el nombramiento de su primer mandatario, fechas que también nos
dicen que Armenia cumple seis décadas como capital lo que la catapultó para
dejar de ser un modesto municipio del sur de Caldas y convertirse en una urbe dinámica
y metropolitana en la confluencia de corredores viales que unen el centro del
país y el Eje Cafetero con el puerto de Buenaventura
En
consecuencia, como quindiano y armenio espero que el sexagésimo aniversario del
Quindío no pase inadvertido, pues estas conmemoraciones merecen algo más que un
Tedeum y una ofrenda floral, actos con los que las autoridades locales han celebrado
los sucesos que nos dieron identidad. Y ni qué decir del caso de Armenia, pues
jamás autoridad alguna ha conmemorado un aniversario de la «Ciudad Milagro»
como capital. Sesenta años solo se cumplen una vez en la vida y no dudo que la
gobernación y la alcaldía de Armenia, así como organizaciones privadas y cívicas,
universidades e instituciones educativas y entidades dedicadas a la cultura y la
historia, tengan programados actos para rememorar y honrar la memoria de
aquellos que hicieron posible el departamento y que Armenia fuera su capital.
Como lo escribí en el artículo Hay que volver a pensar en grande como cuando se creó el Quindío [3-02-2026], aniversarios como este que se aproxima nos debería hacer reflexionar sobre la «capacidad de pensar en grande y el tesón y determinación de aquellos quindianos que integraron las juntas pro-departamento y de los políticos que desde el Congreso desafiaron al poder de Caldas. El sentido de pertenencia, identidad y civismo de aquella generación nos habla desde el pasado para invitarnos, sesenta años después, a despertar y volver a tener la determinación, el arrojo y la osadía de pensar en grande el futuro del Quindío y de Armenia.
Correo: arjquindio@gmail.com / X: @ArmandoQuindio /
Blog: www.quindiopolis.co

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