Por: Armando Rodríguez Jaramillo
A mediados de 2024 el economista,
historiador y escritor Gonzalo Alberto Valencia Barrera, miembro de la Academia
de Historia del Quindío, en una conferencia en el Museo del Oro Quimbaya habló
sobre la importancia de la prospectiva para el Quindío y presentó una serie de
hitos que denominó puntos de inflexión en la historia del departamento preguntando
a los asistentes qué seríamos hoy si el Quindío en 1996 no se hubiera separado
de Caldas y si no hubiéramos tenido el café como cultivo insignia de la región.
Este juego contrafáctico o
contrafactual planteado por Valencia Barrera se basa en pensar en algo que es
contrario a los hechos. El razonamiento contrafáctico supone una realidad
opuesta a la manifestada, son enunciados que expresan alternativas a eventos
que tuvieron lugar en el pasado para imaginar distintas posibilidades que se podrían
haber dado, pero que jamás se materializaron. Esta forma de razonamiento nos
lleva a hacer conjeturas, tales como:
- ¿Qué sería del Quindío y de sus doce municipios si sesenta años después aún fuera del departamento de Caldas?
- ¿Cómo sería esta región si el café no hubiera determinado su economía y moldeado el paisaje y la cultura que llevó a que la UNESCO la declarara Paisaje Cultural Cafetero Patrimonio de la Humanidad?
- ¿Qué sería del turismo de Salento y Filandia de no haberse construido la Autopista del Café?
- ¿Cómo sería el desarrollo urbano de Armenia si la ciudad no hubiera sufrido la devastación causada por el terremoto de 1999?
- ¿Qué fuera del progreso de la región si la política no hubiera sido permeada por la corrupción?
Las respuestas a estos
cuestionamientos contrafácticos nos llevan inevitablemente a imaginar presentes
diferentes al actual dando paso a especulaciones que recrean escenarios
alternativos a los que tenemos, juicios que en ocasiones inducen a pensar que
las cosas podrían ser peores (pensamiento descendente) o, por el contrario,
podría haber sucedido algo mejor que la realidad (pensamiento ascendente).
Descartando el terremoto, suceso causado
por liberación de energías del subsuelo, los hechos listados y otros que
imaginemos [¿Cómo serían Armenia y los municipios vecinos si se hubiera creado
el área metropolitana? ¿Qué oportunidades de desarrollo tendríamos de haberse
construido el embalse del río Navarco? ¿Cómo sería la cultural ciudadana si
tuviéramos una biblioteca y un teatro público departamental?] dependen en gran medida
de lo que se hizo o se dejó de hacer, así que en buena parte el presente responde
a lo hecho en el pasado. En consecuencia, el razonamiento contrafactual se basa
en visones retrospectivas que llevan a pensar cómo serían las cosas si no
hubiese ocurrido lo que ocurrió, por lo que explorar hechos pretéritos es una
herramienta mental que sirve para organizar nuestras experiencias y prepararnos
para el futuro con el fin de tomar decisiones más informadas aprendiendo de los
aciertos y las equivocaciones.
Pero, si el razonamiento contrafactual
es un proceso retrospectivo, el pensamiento prospectivo nos pone en dirección
opuesta para explorar e imaginar futuros factibles que solo serán realidad si hoy
tomamos decisiones estratégicas con el fin de construir esos escenarios deseados.
Por consiguiente, son dos las alternativas para enfrenar lo por venir: comportarnos
de forma pasiva y reactiva o desarrollar capacidades de anticipación actuando preactiva
y proactivamente.
Ser reactivos significa responder a
los acontecimientos sociales, económicos, ambientales y políticos que se
presenten utilizando, si se quiere, ciertas habilidades de resiliencia que permitan
adaptarnos y enfrentar momentos críticos. Por el contrario, ser preactivos y
proactivos nos conduce, el primero, a ser capaces de anticipar eventos o
situaciones con el fin de estar preparados y listos para lo que probablemente
sucederá, y el segundo, a tomar la iniciativa y actuar para influir en el
entorno y en el futuro tomando las decisiones necesarias para producir los
cambios deseados. Una sociedad proactiva no solo actúa de forma preventiva,
sino que establece objetivos y metas, planifica el futuro y toma decisiones
estratégicas para moldearlo favorablemente. La proactividad conduce a actuar
con liderazgo, construir futuros deseados y buscar soluciones antes que surjan
obstáculos y desafíos.
En consecuencia, deberíamos tener la determinación de actuar con pensamiento prospectivo y capacidad anticipatoria (preactiva y proactiva), para que mañana, cuando se apliquen razonamientos contrafactuales, no nos lamentemos diciendo: si hubiéramos hecho aquello en el pasado seríamos esto en el presente.
Correo:
arjquindio@gmail.com / X: @ArmandoQuindio /
Blog: www.quindiopolis.co

0 Comentarios