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John se escribe con C de civismo



 «Aprendí de su particular forma de narrar la historia local siempre con lujo de detalles, cualidad reservada a memorias prodigiosas como la suya».


El 27 de abril John Jaramillo Ramírez emprendió su viaje de ida sin retorno tras encarnar los valores del civismo en Armenia y profesarle su amor a una ciudad que lo recordará como un hacedor de causas colectivas: El Reinado Nacional de la Chapolera, el Desfile del Yipao (adoptado por numerosos municipios del Paisaje Cultural Cafetero), animador del Desfile de la Familia Castañeda, figura cimera de la Sociedad de Mejoras Públicas y organizador insigne de la procesión de la Virgen de la Soledad. 

También lo recordaremos por sus escritos, como lo son el Libro de Oro de Armenia (1989) publicado con motivo del Centenario de la ciudad y que contiene facetas de la historia local; La pieza del reblujo (2006), texto costumbrista en el que con su particular estilo recoge las costumbres, tradiciones y personajes de una Armenia que parece lejana y desconocida para las nuevas generaciones; y Braulio Botero un hombre que fue flama, publicado en el volumen 1 de Ensayos de Historia Quindiana (2010), donde expone el pensamiento de Braulio Botero y los hechos que antecedieron a la creación del Cementerio Libre de Circasia, lugar donde reposan sus restos mortales.

Pero como no es posible consignar en pocos párrafos las realizaciones de una vida dedicada al servicio público, quiero tan sólo compartir algunas reflexiones sobre John Jaramillo y el civismo. De niño siempre oí de él y lo vi participar en eventos que congregaban el interés de los armenios. Pero nuestro primer encuentro se dio en una reunión de exalumnos del Colegio San José, al final de los setenta, en la que apareció como un ferviente animador portando en sus manos una bandera blanca y azul de la Virgen María. También recuerdo algunas conversaciones que cruzamos cuando la celebración del Centenario de Armenia (1989), evento que a la postre sería la última gesta cívica antes que empezara el declive de la edad de oro del civismo, y de esto hace ya 33 años.

  

«evento que a la postre sería la última gesta cívica antes que empezara el declive de la edad de oro del civismo, y de esto hace ya 33 años».

 

Posteriormente, en 2006, nos encontramos en la Academia de Historia del Quindío donde se consagró como uno de sus más destacados académicos. Su llegada a la Corporación desveló su verdadera dimensión cívica y enorme contribución a la formación de identidad local, al costumbrismo regional y a la conservación de la cultura y las tradiciones, lugares donde se alojan los más memorables recuerdos de varias generaciones de cuyabros.

Durante la década siguiente coincidimos en múltiples reuniones de la Academia en las que disfruté de su amistad y amenos diálogos, al tiempo que aprendí de su particular forma de narrar la historia local siempre con lujo de detalles, cualidad reservada a memorias prodigiosas como la suya. Sin embargo, a través de su impetuoso relato oral, expuso saberes y vivencias sin reparar en la frágil retentiva de sus contertulios. Sobre él hizo una interesante descripción Jaime Lopera Gutiérrez, cuando, en reunión de la Academia, un después de su muerte, dijo: «John Jaramillo Ramírez le dio lustre a esta Corporación y robusteció la sociedad quindiana con sus aportes costumbristas, con su tono eufórico y sonoro y su alegría de siempre en la sonrisa»

 Años después, en reconocimiento a sus aportes, la Corporación lo nombró Académico Honorario el 4 de agosto de 2016, que es la distinción más alta que se otorga a ciudadanos que se hayan destacado de forma sobresaliente por el estudio de la historia y contribuido con sus realizaciones a la preservación de la memoria y del patrimonio histórico, cultural y artístico.

 

«John Jaramillo Ramírez robusteció la sociedad quindiana con sus aportes costumbristas, con su tono eufórico y sonoro y su alegría de siempre en la sonrisa».


Sin embargo, al ver lo que fue el civismo en Armenia y presenciar su declive, no pude evitar preguntarme qué le pasó a la ciudad de mis mayores para que esto sucediera. Claro que los tiempos cambian y con ellos las ciudades y sus habitantes, pero el espíritu cívico siempre debería estar presente en el corazón de las personas, pues representa la energía que impulsa a realizar acciones que se convierten en expresiones colectivas. El civismo conduce a entender que ser ciudadano es pertenecer a una comunidad con plena consciencia de sus derechos y deberes. El civismo va más allá de los intereses privados y de grupo para comprometerse con la defensa del interés público.

Hoy, al observar cómo en el año del Centenario de Armenia el alcalde Fabio Arias Vélez (1988 – 1990) se hizo acompañar de Luis Fernando Ramírez Echeverri y John Jaramillo Ramírez para hacer de esa conmemoración algo memorable para la ciudad, pienso que en aquellos gobiernos donde confluyen personas de reconocidas cualidades cívicas se generan grandes transformaciones, se acrecienta el capital social y la confianza ciudadana y se detonan procesos de recordación colectiva.

Por último, deseo enviar un abrazo eterno al amigo que admiré y del que guardo buenos momentos y grandes enseñanzas. Un abrazo eterno al compañero de nuestra Academia Historia del Quindío del que aprendimos, a través de su particular forma de narrar la cotidianidad y la vida comarcal, qué era ser ciudadano, ser cuyabro y ser quindiano. Un abrazo eterno a una persona que siempre será inspiración. Pero, sobre todo, un reconocimiento póstumo a uno de los mejores hijos de la «Ciudad Milagro».

 

Armando Rodríguez Jaramillo

arjquindio@gmail.com   /   @ArmandoQuindio

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2 Comentarios

  1. Merecido homenaje a un hombre que demostró con la práctica del civismo que está herramienta de conducta humana promueve la sana convivencia y mitiga las causas de la mayoría de problemas sociales cuyo origen es el estilo de vida misma Paz en su tumba🙏🙏

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    1. Creo y tengo esperanza que Armenia vuelva por los caminos del civismo.

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