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Relatos sobre el Quindío (Parte 3)

En 2021 escribí Las décadas grises del Quindío, ensayo donde propuse una nueva mirada a la historia reciente del departamento y que contiene una reseña general de algunos hechos que moldearon la modernidad a partir de la llegada del ferrocarril en la primera mitad del siglo pasado. Esta reseña, que titulé Relatos sobre el Quindío, la presenté a manera de crónica en tres entregas consecutivas.

 

Un departamento que se transforma.

La respuesta ante la crisis del café y el terremoto fue pensar en diversificar la economía. Entonces se promovió la sustitución de café por frutales, plátano y pastos en zonas marginales para su cultivo, se imaginó un Quindío agroindustrial y se formuló un plan de desarrollo sectorial, se fomentó el cultivo de la guadua y su transformación, se habló de apoyar a las industrias de construcción, metalmecánica, confección y muebles, se impulsó el turismo rural sobre la infraestructura heredada de los buenos años del café y se construyeron parques temáticos como el Parque Nacional del Café y el Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria. También se propusieron proyectos estratégicos como el embalse multipropósito en Salento para generar energía eléctrica y abastecer de agua a Armenia y municipios vecinos, se construyó el Centro de Ferias y Exposiciones (Cenexpo), se creó la Zona Francia del Eje Cafetero y se pensó en un puerto seco o plataforma logística de carga en La Tebaida que se soportaría en la recuperación del Ferrocarril del Pacífico.

Lea: Relatos sobre el Quindío (Parte 1).

Los nuevos usos del suelo rural impulsados por el turismo y la conurbación alrededor de Armenia y municipios vecinos elevaron los precios de la tierra y la agricultura empezó a ceder ante los negocios inmobiliarios. Esto ocasionó fraccionamiento de la propiedad rural y cambios en el uso del suelo con la construcción de hoteles y alojamientos rurales, parques, centros de recreación y viviendas campestres, entre otras intervenciones que modificaron el paisaje rural.

Asimismo, se empezaron a observar procesos de gentrificación en municipios sometidos a un turismo de masas que desbordó la capacidad de respuesta. Ejemplo de esto son Salento y Filandia donde a sus habitantes tradicionales les fue difícil conservar sus casas y negocios en razón a las avalanchas de turistas que llegaron demandando bienes y servicios incrementando el costo de vida y el valor de los inmuebles. Esto hizo que muchos vendieran sus propiedades y se reubicaran en otros lugares, incluso por fuera, mientras que sus sitios eran ocupados por nuevos propietarios y empresarios foráneos con mayor capacidad para afrontar los ritmos de vida que el turismo imponía. De esta forma se configuró un proceso de gentrificación que desplazó a personas y comercios habituales, al tiempo que socavó el sentido de pertenencia, la articulación social y la cultura en nuestros municipios. Algo similar sucedió con los cambios en los suelos rurales por actividades no agropecuarias que distorsionaron el mercado de tierras y desplazaron a la población campesina con sus saberes, oficios y formas de vida.


«Paradójicamente parte de la culpa se les endilgó a los políticos mientras nos obstinábamos en reelegirlos».

 

Pero como nada reemplazó al café y el turismo no logró crear las condiciones de bienestar que generó la caficultura, entonces de nuevo se buscaron responsables de las nuevas crisis. Se habló de los altos impuestos y la mala calidad de los servicios públicos; se renegó de la llamada mentalidad cafetera y se puso en la picota pública al producto que nos dio progreso. Se dijo que lo que un cafetero añoraba luego de una buena cosecha era comprarle la finca al vecino, cambiar de carro e ir de viaje; y nos juzgamos de egoístas, de incapaces de asociarnos, de envidiosos, de poner zancadilla al que intentara sobresalir. 

Paradójicamente parte de la culpa se les endilgó a los políticos mientras nos obstinábamos en reelegirlos. Se exigió atención del gobierno nacional reclamándole una supuesta deuda que el país tenía con el Quindío por los años en los que la caficultura fue el motor de la economía. Nos comparamos con los vecinos del Eje Cafetero diciendo que ellos dejaban sus diferencias de lado al momento de pedir para su región, que tenían visión empresarial y que su dirigencia sabía aprovechar cuando ocupaban altos cargos en el gobierno central.

 

El péndulo del desarrollo.

A partir de las reformas constitucionales que permitieron la elección de mandatarios locales, gobernadores del Quindío y alcaldes Armenia se sumieron en enfrentamientos y profundas divisiones que impidieron la ejecución de proyectos estratégicos para la región, al tiempo que los alcaldes de la capital desarrollaron cierto autismo político que no les permitió dialogar con sus homólogos de Salento, Circasia, Calarcá, La Tebaida y Montenegro para administrar el territorio que compartían.

Al unísono se dio una enorme pérdida de legitimidad ocasionada por la corrupción, tráfico de influencias, politiquería, clientelismo y otras prácticas en las que se vieron involucrados numerosos mandatarios y funcionarios públicos que minó la poca confianza ciudadana en la política, socavó la gobernanza y carcomió lo que quedaba de la ética pública[1].

 

«Dirigentes y gobiernos locales poco a poco descubrieron que era mejor pedir y exigir que construir un proyecto de departamento»

 

«Fue así como iniciamos el presente siglo sumidos en un ambiente de escepticismo sobre el futuro con una economía cafetera desgastada, una reconstrucción incompleta y un turismo con más de expectativa que de realidades tangibles, todo ello en medio de liderazgos confusos y crisis de gobernabilidad. En este escenario, dirigentes y gobiernos locales poco a poco descubrieron que era mejor pedir y exigir que construir un proyecto de departamento, por lo que fueron proclives a asumir el rol de agentes intermediarios ante el gobierno nacional quedando la región al vaivén del centralismo y del presupuesto de la nación[2]». 

Entonces se organizaron alianzas entre representantes de sectores públicos y privados para hacer lobby ante el gobierno nacional bajo el convencimiento de muchos que el rol de congresistas, políticos, gobernantes y dirigentes gremiales era servir de intermediarios con el nivel central, labor de la que los primeros sacaron réditos electorales. De esa forma se gestionaron inversiones como la del túnel de La Línea y la doble calzada Cajamarca – Calarcá, la doble calzada entre Armenia – Club Campestre y la recuperación de la vía La Tebaida – Pueblo Tapao – Montenegro, así como la modernización del aeropuerto internacional El Edén. Pero al final del día, por carecer de un proyecto de departamento, no se tuvo una agenda para aprovechar esta infraestructura que nos conecta con importantes centros urbanos y el Pacífico.

Lea: Relatos sobre el Quindío (Parte 2)

Un aspecto de enorme trascendencia fue que el Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO inscribiera, el 25 de junio de 2011, en la Lista de Patrimonio Mundial el Paisaje Cultural Cafetero, decisión que comprometió en su protección y conservación al Estado y a la institucionalidad de los 51 municipios de Caldas, Risaralda, Quindío y Valle del Cauca que lo conforman. El PCC es un paisaje cultural con elementos naturales, económicos y culturales con alto grado de homogeneidad reconocidos mundialmente que representa una valiosa plataforma para el progreso y bienestar.

 

«El PCC es un paisaje cultural con elementos naturales, económicos y culturales con alto grado de homogeneidad reconocidos mundialmente que representa una valiosa plataforma para el progreso y bienestar».

 

En medio de este escenario, también se dieron iniciativas impulsadas principalmente desde la institucionalidad privada para consolidar una agenda de desarrollo económico territorial mediante instrumentos como la Comisión Regional de Competitividad e Innovación y el apoyo al fortalecimiento de iniciativas clúster en turismo de experiencias, cafés especiales, cueros de alta gama, muebles vanguardistas, construcción, TIC y salud; además de crear el Quindío Convention Bureau y la Agencia de Inversión del Quindío. Sin embargo, los resultados pudieron ser mayores, en parte por los pocos recursos disponibles, el precario apoyo público y las difíciles relaciones entre gobernación y alcaldía de Armenia. Esto limitó asumir desafíos como la industria 4.0, manufactura avanzada, innovación y transformación digital, agroindustria y agricultura de precisión.

Por su parte, el turismo ofreció productos diferenciados con posicionamiento en el mercado nacional, pero poco conocidos en el internacional. No obstante, la mayor parte de ellos fueron de limitado valor y evidentes impactos ambientales, patrimoniales y culturales. Ejemplo de ello ha sido la numerosa afluencia de turistas que superó la capacidad de carga de Salento y deterioró ecosistemas estratégicos como la cuenca del río Quindío y el valle de Cocora de donde se surte de agua Armenia y zonas aledañas, además de afectaciones a bienes patrimoniales como el Camino del Quindío.

Una consecuencia de lo narrado es que con los años el «desarrollo se concentró en Armenia y sus alrededores, en especial luego de la creación del Departamento (1966), consolidando un modelo centralista[3] que reunió en la capital las decisiones político administrativo y entidades de gobierno y justicia, hospitales y centros de salud, colegios y universidades, empresas y establecimientos de comercio, sedes bancarias y financieras y otros servicios funcionales. Así que Armenia y su entorno obraron como una gran fuerza magnética que atrajo, y atrae, recursos y gente de todo el departamento»[4]. Esta concentración del desarrollo se profundizó luego de las inversiones en bienes públicos (aeropuerto y carreteras) en la zona baja que terminaron por inducir externalidades positivas que activaron la economía en sus municipios, pero que causaron externalidades negativas en la cordillera[5] ampliando la brecha en términos de desarrollo.  

 

Armando Rodríguez Jaramillo

arjquindio@gmail.com   /   @ArmandoQuindio

 


[1] Uno de los casos más sonado y que mayor daño hizo a la legitimidad de los gobiernos locales fue la financiación de 13 obras de infraestructura vial mediante la contribución por valorización en Armenia. Esta iniciativa, permeada por actos de corrupción, llevó a dos alcaldes, funcionarios públicos y contratistas a la cárcel y se paralizaron las obras.

[2] Rodríguez Jaramillo, A. 21 de junio 2021. Una propuesta necesaria. Quindiópolis. https://bit.ly/3wpAaIQ

[3] El centralismo se volvió una paradoja. Mientras el Quindío padece el centralismo de Estado, a nivel territorial se reproduce el modelo y Armenia es el centro político - administrativo donde se toman las decisiones para el departamento.

[4] Rodríguez Jaramillo, A. 6 de julio de 2021. La cordillera y el plan. Quindíopolis. https://bit.ly/3qTnwke

[5] En la cordillera históricamente se han hecho mantenimientos puntuales a la red vial secundaria y terciaria y algunos kilómetros de placas huellas, inversiones insuficientes para recuperar las deterioradas vías por las que transitan sus pobladores y se movilizan víveres, comercio y productos agropecuarios.

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