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Alerta amarilla para la calidad de vida

Por: Armando Rodríguez Jaramillo ((Armenia - Quindío - Colombia) - 20 de noviembre de 2014.


Los resultados del Índice Departamental de Competitividad entregados por el Consejo Privado de Competitividad y la Universidad del Rosario nos dijeron lo que ya sabíamos pero que no hemos querido escuchar. EL índice, al igual que lo hizo el Informe Regional de Desarrollo Humano –IRDH- 2004 denominado “Un pacto por la región. De la crisis cafetera a una oportunidad de desarrollo regional” publicado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), nos recordó cómo habíamos retrocedido en el Quindío en cuanto a la calidad de las instituciones públicas, infraestructura, educación básica, media y superior, salud, medio ambiente, innovación y dinámica empresarial.
A la información poco halagüeña de estos estudios, se suman las cifras del DANE que nos muestran que las exportaciones diferentes al café bajaron, que estamos en el primer lugar en el ámbito nacional en tasas de desempleo, que el crecimiento de la economía departamental se desaceleró, que el ingreso per cápita de los quindianos se estancó y que en la mayoría de regiones de Colombia se disminuye la pobreza más rápidamente que en la nuestra. En fin, sin pretender ser ave de mal agüero, todo apunta a que las condiciones de calidad de vida en el Quindío se deterioran paulatinamente y que la brecha en términos de desarrollo humano con respecto a otros departamentos se amplía inexorablemente.

Sin embargo, el mayor problema que afrontamos no es la mengua de las condiciones socioeconómicas, es el hecho de no querer darnos cuenta que vamos mal y que lo que hacemos no funciona o no es suficiente. Y como el mundo no va a detener su dinámica para esperarnos, es posible que las brechas con otras regiones y países tienda a ser cada vez mayor.

Es indudable que no estamos haciendo las cosas bien, que los planes de desarrollo formulados por los gobiernos locales no han sido ni son las cartas de navegación que nos lleven hacia el progreso y bienestar, y que carecemos de una política de desarrollo productivo que ponga al servicio de los empresarios los recursos con que cuentan las administraciones territoriales.

Parece que nos hiciera falta crear una comité regional de prevención y atención del deterioro socioeconómico que decrete la alerta amarilla para que el gobierno departamental, la alcaldía de Armenia y las de los once municipios, conjuntamente con los congresistas, diputados y concejales, amén del concurso de las universidades y gremios económicos, reestructuren de forma expedita los planes de desarrollo y formulen estrategias de transformación productiva para hacerle frente al evidente deterioro en la calidad de vida.

Pero mientras nos damos cuenta que no podemos seguir haciendo más de lo mismo y que necesitamos repensar el Quindío, el mundo político está concentrado en el impulso de candidaturas con miras a las elecciones a gobernación y alcaldías en su afán por asegurar el poder.