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Amartya Sen a través de Un hogar en el mundo

  

«De ahí que sea relevante que haya educación para todos, pero también la libertad de razonar, discrepar y debatir».

 

Al leer Un hogar en el mundo. Memorias (Taurus, 2021), el más reciente libro del Premio Nobel de Economía (1998) Amartya Sen (India, 1933), el lector se encuentra con un fascinante relato colmado de fechas, situaciones y nombres que sólo una mente privilegiada puede ofrecer. El libro conduce por Bengala e India en tiempos del Raj Británico, de la independencia de la India y de la separación de Pakistán por motivos religiosos, para desembocar por su paso por prestigiosas universidades de Inglaterra (Cambridge, Oxfor),  Estados Unidos (Harvard, MIT, Stanfor) e India (Calcuta, Delhi, Jadavpur), además de sus múltiples encuentros con intelectuales, filósofos, economistas y políticos con los que interactuó e investigó numerosos temas, como los de la teoría de la elección social y la economía del bienestar que llamaban especialmente su atención.

Algo que me sorprendió de Amartya Sen fueron sus primeros años de estudio en Santiniketan, escuela experimental fundada por el escritor y poeta indio Rabindranath Tagore (1861-1941) y que terminó convirtiéndose en la universidad Visva-Bharati. Sus encuentros con el poeta me trajeron a la mente cuando mi madre, Enelia Jaramillo Vásquez, admiradora de Tagore, me leía sus poemas y los del uruguayo Constancio Cecilio Vigil (1876-1954). De esos días de infancia aún recuerdo el poema Servir que sin duda me tocó para siempre: «Dormía, y soñaba / que la vida era alegría. / Desperté, y vi / que la vida era servicio. / Serví, y vi / que el servicio era alegría.»

Pero hay cuatro pasajes del libro, entre muchos, que quiero resaltar. El primero tiene que ver con una frase que encontré en una de sus páginas: «Algunos políticos hacen gala de gran elocuencia para hablar de lo que no conocen», sentencia que me llevó a reflexionar sobre cómo algunos políticos (nuestros) insisten en mostrar este tipo de elocuencia para engatusar incautos ciudadanos con sus conocimientos.

 

La libertad

El segundo pasaje se relaciona con la forma en que Amartya aborda la libertad, bien tan preciado como amenazado, para decir: «Si disfrutas de libertad, tendrás motivos para ejercerla; incluso no hacer nada será un tipo de ejercicio (pág. 64)». Entonces, evocando a Tagore, señala que le cautiva la idea que ejercer la libertad tiene que desarrollarse al mismo tiempo que la capacidad de razonar. Mas que tener la libertad de ir a cualquier sitio o hacer lo que plazca, lo que importa es hacer uso de la libertad de razonar (libertad y razón). De ahí que sea relevante que haya educación para todos, pero también la libertad de razonar, discrepar y debatir.

 

El David de Miguel Ángel

El tercero toca con el proceso de producción y la asimetría de los diferentes roles de las personas en dicho proceso. Para ello pone de ejemplo la famosa estatua de David, en Florencia. Es indudable que Miguel Ángel fue el escultor que hizo esta estatua, pero «la verdad de esta afirmación no niega la necesidad del mármol, ni de los cinceles y martillos, en la elaboración de la estatua (no hay duda de que Miguel Ángel los necesitó). En una descripción multifactorial, todos estos distintos factores de producción están implicados en la elaboración de la estatua. Y sin embargo, ponemos de manifiesto otro aspecto crucial del proceso de producción cuando nos fijamos particularmente en el artista, Miguel Ángel, y no equiparamos su rol con el que proporcionan el mármol, los martillos y los cinceles (pág. 215)». Así que la producción se puede describir de muchas maneras distintas.

 

La ilusión objetiva

El cuarto y último pasaje que cito se ocupa de la ilusión objetiva y la falsa consciencia, conceptos que le atribuye a Carlos Marx. «Una ilusión objetiva es una aparente realidad que puede parecer objetivamente verdadera desde un punto de vista en particular, pero que, de hecho, debe complementarse con otras observaciones a fin de afrontar un examen crítico y decidir, tras un escrutinio adecuado, si lo que parece ser verdad desde la posición inicial lo es en realidad. Por ejemplo, cuando observamos el Sol y la Luna desde la Tierra puede parecer que tienen el mismo tamaño. Pero llegar, a partir de tales observaciones, a la conclusión que tienen de hecho el mismo tamaño en términos de masa física o volumen sería, claro está, un error garrafal. Y sin embargo, negar que parecen tener el mismo tamaño al observarlos desde la tierra sería también erróneo (pág. 257)». La investigación sobre la ilusión óptica (o forma externa de las cosas) es una aportación pionera a la comprensión de las implicaciones de la dependencia posicional de las observaciones y de las reflexiones basadas en las observaciones. Tesis que también es aplicable a los análisis sociales y económicos.

Estos y muchos otros aspectos me impactaron del libro Un hogar en el mundo. Memorias en el que el Amartya Sen desvela sus vivencias entre 1933 y los sesenta, lo que permite suponer que próximamente el autor nos sorprenderá con un segundo volumen que abarque sus últimos cincuenta años.

Nota: Foto tomada del Time of India


Armando Rodriguez Jaramillo.

arjquindio@gmail.com  /  @ArmandoQuindio

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2 Comentarios

  1. Me lleva usted Doctor Armando a un mundo desconocido para mí, sin embargo con sus apreciaciones en cada uno de los cuatro temas que destaca, ayuda a mi mente a vislumbrar la realidad actual del comportamiento humano frente a los escritos de tan importante autor; muy seguramente con mi esposa Licenciada en Español y Literatura apasionada por la Lectura, compartiré su publicación y la trataremos con más detalle, que frente a la la realidad, que estamos viviendo

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  2. Gracias por regalarme parte de su tiempo Carlos Eduard para leer el artículo y para comentarlo.

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