Horizonte Quindío 2050 y la construcción de futuro


 

Por: Armando Rodríguez Jaramillo

En 2026, luego de un cuarto de siglo de silencio prospectivo donde los relatos sobre el mañana y el imaginario asociado a él quedaron atrapados en el presente, un grupo de instituciones públicas, privadas y académicas, con el acompañamiento metodológico de la CEPAL e ILPES, empezaron un nuevo ejercicio denominado Horizonte Quindío. Prospectiva 2050 con el fin de construir una visión compartida de futuro para el territorio a través de un proceso participativo. Esto, tan sencillo de decir, no es algo de poca monta, pues la prospectiva, lejos de adivinar o predecir lo que vendrá, explora futuros probables, posibles y deseables a través de metodologías específicas buscando contribuir a la toma de decisiones en el presente, a la construcción de intervenciones de mediano y largo plazo y a la planificación estratégica.

Para sacar adelante este propósito, a partir de marzo se integraron equipos de trabajo interinstitucionales e interdisciplinarios, se definió la metodología a aplicar y se realizó un diagnóstico minucioso que incluyó estadísticas, informes, estudios y planes sobre asuntos físico-ambientales, socio-culturales, económicos-productivos y políticos-institucionales, información que se complementó con talleres en los doce municipios y entrevistas, consultas y encuestas a expertos y grupos de opinión consolidando un voluminoso corpus de información que contiene una renovada lectura del territorio con sus principales transformaciones, tendencias, desafíos y oportunidades para su desarrollo.

Partiendo de este diagnóstico y de la organización social, institucional y productiva que tenemos, se inicia una segunda y definitiva fase de Horizonte Quindío. Prospectiva 2050 con la definición de escenarios de futuro que representen qué región queremos tener a mediados del presente siglo y cómo la haremos realidad, es decir, qué hoja de ruta se requiere para alcanzar el escenario deseado el cual se debe expresar en una atractiva y seductora narrativa que permita compartir este anhelo colectivo. Luego nos enfrentaremos al reto de apropiarnos de ese futuro deseado para que los próximos gobiernos locales lo incluyan en los planes de desarrollo e instrumentos de planificación y para que las entidades privadas y universidades también lo asuman en sus planes institucionales.

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«Si con el diagnóstico quedó claro cómo estamos, ahora vamos por lo que queremos construir como sociedad con determinación y liderazgo»

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En consecuencia, si con el diagnóstico quedó claro cómo estamos, ahora vamos por lo que queremos construir como sociedad con determinación y liderazgo. De ahí que sea oportuno recordar qué nos trajo hasta el lugar en el que estamos: fue el deseo y la valentía de querer cambiar el rumbo del departamento para mirar más lejos, amplia y profundamente, fue la osadía de decidir aprovechar el potencial que tiene el territorio, fueron las ganas de pensar de forma intergeneracional y transgeneracional en una nueva sociedad con oportunidades para  todos, fue imaginar un Quindío global para integrarnos al mundo y aproximarnos a las fronteras del conocimiento y la tecnología, fue creer en un modelo de desarrollo sostenible y en una ocupación del territorio armoniosa con los ecosistemas, fue el querer cambiar el modelo mental y los paradigmas políticos dominantes, fue la pretensión de mejorar la educación en todos los niveles y  fue también querer afrontar el desafío de especializar el territorio con actividades productivas fundamentadas en I+D para aumentar exportaciones, ofrecer empleos de calidad y mejorar los ingresos de los quindianos.

Pero estos escenarios de desarrollo y progreso difícilmente se alcanzarán si los gobiernos locales insisten en ser reactivos, es decir, en reaccionar ante los hechos y problemas que se presentan capoteando las situaciones y las circunstancias del momento con agendas de corto plazo definidas para períodos de gobierno (cuatro años). Esto se contrapone a la proactividad, capacidad de los líderes que no esperan que las cosas sucedan porque tienen la habilidad de anticiparse a los problemas y adversidades, y cuentan con el talento y habilidad para construir futuros deseados asumiendo el control de las circunstancias en medio de las incertidumbres. Ellos hacen que las cosas pasen en lugar de simplemente ajustarse a una situación o esperar a que algo suceda. Sería adoptar una renovada mentalidad para el desarrollo y la gestión de lo público.

La actuación reactiva nos encasilló en un pensamiento presentista resignándonos a lo que podría suceder en los siguientes tres o cuatro años, proceder que secuestró nuestra imaginación y limitó la creación de relatos sobre futuros más amplios. Uno de los efectos más dañinos que trae la reactividad es la incapacidad de pensar y construir agendas colectivas que posibiliten procesos de cambio social y económico renunciando a imaginar y plantear cambios sistémicos y disruptivos que cambien el rumbo que llevamos.

El futuro del Quindío depende de nosotros y de la capacidad de identificar las aspiraciones, transformaciones y condiciones necesarias para alcanzar una visión compartida de desarrollo, así que participemos y apropiémonos de la segunda fase de Horizonte Quindío. Prospectiva 2050 definiendo de forma consensuada esos escenarios factibles y deseados para comprometernos con dinámicas territoriales relevantes para el departamento. Esto pondría sobre la mesa una innovadora agenda de desarrollo que estimule acuerdos colectivos con apuestas de progreso para los próximos gobiernos territoriales.

Entramos en la fase decisiva del estudio de prospectiva que demanda de verdaderos arquitectos de región que sientan la quindianidad hasta los tuétanos, que antepongan el interés público sobre el particular y que tengan visón de largo plazo y capacidad de liderar procesos de cambio y transformación para conducir a este departamento hacia nuevos estadios de bienestar.

Nota: Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

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