Quindío Turismo Prospectiva 2050

 

«El Quindío tiene todas las condiciones para desempeñar un papel protagónico en ese futuro, pero debe comprender que su grandeza no disminuye por integrarse con Caldas y Risaralda».

Por: Iván Restrepo R.

La prospectiva es una disciplina que analiza las tendencias del presente y del pasado para explorar, anticipar y construir posibles escenarios del futuro a mediano y largo plazo.

Voy a ceñirme estrictamente a la definición de esta palabra que en ocasiones suele ser engañosa, para, sin poner bola de cristal al frente, mirar que nos depara el futuro a 2050. Obvio, para la fecha de la referencia ya no seré ciudadano de este mundo y es esta la razón que me motiva a dejar lo que pienso a este respecto por escrito.

2050 parece lejano, pero en términos de planificación territorial, está prácticamente a la vuelta de la esquina. Faltan veinticuatro años para saber si fuimos capaces de construir una región turística de talla internacional o si continuamos administrando, cada uno por su lado, nuestras pequeñas parcelas de protagonismo.

Cuando hablamos de la prospectiva del Quindío hacia el 2050, deberíamos comenzar por una pregunta incómoda: ¿queremos seguir siendo un departamento que compite con sus vecinos o convertirnos en parte fundamental de una región que compita con el mundo?

Mi respuesta es categórica: EL FUTURO TURÍSTICO DEL QUINDÍO ESTÁ EN EL EJE CAFETERO.

Y no me refiero simplemente a compartir una denominación geográfica o a aparecer juntos en un folleto promocional. Hablo de construir una verdadera identidad regional, reconocible, competitiva y comercializable nacional e internacionalmente.

Tenemos algo que muchos destinos del planeta quisieran poseer: un paisaje cultural reconocido por la UNESCO, una cultura cafetera viva, una biodiversidad extraordinaria, pueblos con identidad propia, montañas, termales, gastronomía, arquitectura tradicional, parques temáticos, turismo rural y una ubicación geográfica privilegiada.

Pero existe una diferencia enorme entre tener atractivos turísticos y convertirlos en un destino internacionalmente competitivo.

El turista extranjero no necesariamente distingue dónde termina Risaralda y comienza el Quindío. Y, francamente, tampoco tendría por qué hacerlo. Lo que debería reconocer es una región llamada Eje Cafetero, capaz de ofrecerle una experiencia extraordinaria, diversa y articulada.

Tres departamentos, un solo destino.

Para el 2050 deberíamos haber superado esa vieja costumbre de promocionar individualmente lo que sería mucho más poderoso si lo ofreciéramos colectivamente.

Armenia, Pereira y Manizales no tendrían que competir por quién recibe más turistas, sino colaborar para conseguir que lleguen más visitantes a toda la región, permanezcan más noches y distribuyan su gasto entre nuestros municipios.

Imaginemos un visitante europeo que aterriza en Pereira, pasa tres noches en el Quindío, continúa hacia los termales de Caldas, descubre nuestros pueblos patrimoniales y regresa a su país por el aeropuerto que mejor se ajuste a su itinerario. Para ese viajero no existirían tres destinos enfrentados. Existiría una sola experiencia: el Eje Cafetero colombiano.

El transporte aéreo: pensar como región

Aquí aparece uno de los asuntos más importantes de nuestra prospectiva: la conectividad aérea.

Por mucho tiempo hemos considerado los aeropuertos como símbolos de orgullo departamental, cuando deberíamos entenderlos como instrumentos de desarrollo regional. El Aeropuerto Internacional Matecaña, en Pereira; El Edén, en Armenia; y La Nubia, en Manizales, junto con el eventual desarrollo de Aerocafé, deben formar parte de una planificación aeronáutica integrada.

No propongo cerrar aeropuertos ni sacrificar las aspiraciones de ninguna ciudad. Propongo exactamente lo contrario: aprovechar las fortalezas de cada infraestructura, evitar duplicaciones innecesarias y construir una estrategia de complementariedad.

Pereira puede consolidar su papel como una de las principales puertas internacionales de entrada a la región. Armenia puede fortalecer su conectividad nacional, desarrollar mercados internacionales viables y especializar parte de su oferta en segmentos turísticos estratégicos. Manizales, con las soluciones aeroportuarias que finalmente se concreten, debe integrarse plenamente al mismo sistema.

Una sola voz frente a las aerolíneas

¿Por qué no imaginarnos una mesa regional permanente de conectividad aérea, integrada por los tres departamentos, sus cámaras de comercio, aeropuertos, empresarios turísticos y autoridades competentes? Una mesa capaz de presentar a las aerolíneas estudios de mercado compartidos, estadísticas consolidadas, oportunidades comerciales y programas regionales de promoción.

Las compañías aéreas abren rutas cuando encuentran demanda suficiente, rentabilidad potencial y condiciones operativas favorables, y por eso necesitamos dejar de ofrecerles únicamente ciudades y comenzar a presentarles una región con capacidad real de generar pasajeros.

La conectividad con Estados Unidos, particularmente con la Florida y otros mercados donde existen vínculos familiares, comerciales y turísticos con nuestra región, merece una estrategia conjunta. También deberían estudiarse oportunidades hacia Centroamérica, el Caribe y otros centros de conexión internacional.

Para el 2050 deberíamos contar con un sistema terrestre regional eficiente, seguro y coordinado que conecte aeropuertos, ciudades, municipios, hoteles y atractivos turísticos. De poco sirve conseguir nuevas rutas si después obligamos al visitante a enfrentarse a una movilidad fragmentada, costosa o insuficiente.

Una región que se vende unida

El Eje Cafetero necesita una estrategia internacional de posicionamiento que trascienda los períodos de gobierno y no tres campañas aisladas ni tres presupuestos dispersos o tres narrativas que compitan entre sí.

El turismo científico, el aviturismo, el bienestar, la naturaleza, la cultura, el turismo generativo, las experiencias rurales y las estadías prolongadas pueden convertirse en grandes motores de crecimiento.

El 2050 comienza hoy

Una prospectiva sin decisiones presentes no pasa de ser un interesante ejercicio de imaginación, por eso propongo que desde ahora se construya una agenda turística regional con metas verificables para 2030, 2040 y 2050, que incluya conectividad aérea, movilidad terrestre, ordenamiento territorial, formación del talento humano, transformación digital y sostenibilidad.

Una agenda que sobreviva a gobernadores, alcaldes, directores de turismo y administraciones de turno. El Quindío tiene todas las condiciones para desempeñar un papel protagónico en ese futuro, pero debe comprender que su grandeza no disminuye por integrarse con Caldas y Risaralda.

El Quindío del futuro no termina en sus límites departamentales; El Quindío del futuro comienza donde entendemos que somos Eje Cafetero.

Hasta la próxima, queridos lectores.

Correo: ivanres49@gmail.com


Nota: Imagen de Toàn Lê en Pixabay


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