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Dos quindios en uno solo

Armando Rodríguez Jaramillo
Armenia (Quindío-Colombia). Publicado en el diario La Crónica del Quindío el 4 de julio de 2013

Las decisiones que se toman para manejar un departamento deberían obedecer a un juicioso ejercicio de planificación que, partiendo de un diagnóstico de su territorio y del grupo humano que lo habita, permita identificar sus potencialidades y definir un futuro deseable y factible. Si el diagnóstico no es correcto, el punto de partida para la planeación no será real y, por ende, lo que sobre esta base se construya tendrá una alta probabilidad de error. En esto radica, a mi juicio, parte de los yerros que en la planeación del desarrollo hemos cometido, ya que con frecuencia formulamos planes de desarrollo generales sin pensar que la diversidad del territorio amerita diferentes estrategias de desarrollo.
En este orden de ideas, uno es el territorio al oriente del río Quindío sobre las imponentes laderas de la cordillera Central y otro el paisaje de colinas o piedemonte al occidente de la mencionada corriente hídrica y que corresponde a los municipios de Filandia, Circasia, Armenia, Quimbaya, Montenegro y La Tebaida.

La zona de cordillera representa el 65% de la extensión departamental. Este territorio tiene una densidad de 83,6 habitantes por kilómetro cuadrado con el 30,5% de sus 106.000 habitantes residiendo en el campo, lugar donde el tamaño promedio de los predios es de 14,4 hectáreas. En esta zona de ladera hay una media de 5,1 viviendas rurales por cada kilómetro cuadrado y 800 metros de carreteras por cada kilómetro cuadrado.

En contraste, el área al occidente del río Quindío es el 35% de la extensión departamental con una densidad de 568 habitantes por kilómetro cuadrado donde el 8,7% de sus 452.000 habitantes residen en el campo, lugar donde el tamaño promedio de los predios es de 3,3 hectáreas. En esta zona ondulada hay una media de 11,7 viviendas rurales por cada kilómetro cuadrado y 1.500 metros de carreteras por cada kilómetro cuadrado.

Además de estas diferencias, la cordillera se caracteriza por sus fuertes pendientes, por un mayor grado por riesgo geológico y de avalancha, por albergar las mayores áreas bajo bosques naturales, por ser la zona donde nacen una alta proporción de nuestras fuentes de agua, por sus intensas precipitaciones y por tener la mayor cantidad de cultivos de café.

La parte baja es un territorio ondulado con menor incidencia de riesgos naturales a no ser por los coletazos de los vendavales. Los cultivos de café ha ido desapareciendo y el plátano y los pastizales se ven por doquier. Sobre ella hay un área metropolitana en formación entre Armenia y sus municipios vecinos donde se asienta no menos del 80% de las empresas del departamento. La contaminación hídrica presenta altos niveles y hay fuerte presión sobre las actividades agropecuarias que van siendo desplazadas por el turismo, urbanizaciones campestres, parques temáticos y recreacionales,  servicios e industria.

Estas evidentes diferencias deberían ser objeto de especial atención a la hora de formular planes de desarrollo, pues este departamento requiere una estrategia de desarrollo para la cordillera y otra distinta para la zona baja, pero ambas articuladas y complementarias, pues a pesar de ser dos mundos diferentes tienen un futuro común indisoluble.